El mar peruano, también llamado por ley Mar de Grau, es el más rico del mundo. En su seno viven más de 2300 especies diferentes de peces, moluscos, invertebrados, mamíferos, etc.
Y en sus islas habitan más de 40 especies de aves marinas. Esta inmensa biomasa siempre tuvo la capacidad de reproducirse por unas 15 millones de toneladas al año, hasta que la explotación indiscriminada redujo esa capacidad a 9 millones de toneladas por año, que podría recuperarse gradualmente con tecnolgía nacional. Aún así nuestra riqueza ictiológica, es tan grande, que sobrepasa en más de cuatro veces la biomasa promedio de todos los mares del mundo. Representa el doble del potencial pesquero de los Estados Unidos, quien es el segundo país más rico del mundo después del Perú.
En el año 2003, la producción exportada de productos hidrobiológicos fue de $ 1,000 millones de dólares, pese a que la industria pesquera nacional está tan mal estructurada, que desperdicia gran parte de su potencial con pesca indiscriminada y muchas veces empleando métodos vedados, afectando las cadenas reproductivas de especies en peligro de extinción, y exportando productos primarios de baja calidad, sin mayor valor agregado, salvo la producción de la pequeña y floreciente industria conservera nacional. Si en lugar de plantas harineras se establecieran industrias principalmente orientadas a la pesca para alimentación humana con tecnología desarrollada localmente, después de satisfacer las necesidades alimenticias de nuestra población, se podría exportar por un valor no menor de $ 3,000 millones de dólares por año.
Y, si se aplicara un mínimo porcentaje de los ingresos en investigación y desarrollo con el apoyo de las universidades y laboratorios nacionales, podría aprovecharse un 10% de todas las especies conocidas y aumentar la producción exportable a un nivel de $ 9,000 millones de dólares por año.
Éste es el inmenso potencial pesquero del Mar de Grau, cuyo control pretenden arrebatarnos por medio de la Convención del Mar.